Existencia y conocimiento (5)

Por fin, en la plenitud luminosa del verano, Kant.

jamás podemos traspasar la frontera de la experiencia posible

El discurso ha adquirido una potencia insospechada, expulsado ahora el mundo de Dios, no hay rincón de la realidad que el logos no pueda mesurar , traducir, cuantificar. Y aun así, frente a esta omnicomprensiva capacidad de deglución, frente a este imperio de la razón, el objeto, la simple cosa, resiste. Y el tinglado entero palidece cuando se ve en la tesitura de demostrar la existencia de un objeto cualquiera, la empresa entera puede irse a pique. A no ser que se produzca un cambio de enfoque:

El único modo de garantizar el conocimiento consiste en no plantearse la existencia de la cosa, que A existe pasa a ser una cuestión irrelevante (de hecho, pasa a no ser cuestión, como veremos más adelante).

El conocimiento consistirá en un conocimiento previo de las reglas que determinan el propio aparecer de las cosas.

En el momento en que puedo describir las condiciones bajo las cuáles aparecerá un lápiz verde puedo afirmar que conozco ya el lápiz verde, con independencia de que se manifieste o no, y por lo tanto, lo conozco con independencia de si el lápiz verde que está en mi mano existe o no, puesto que el conocimiento no recae propiamente sobre el objeto, sino sobre sus condiciones previas (debe darse A, B y C para tener X, sin una de las tres no hay X)

Pero hay más, si somos consecuentes con este concepto de conocimiento habrá que dar un paso más y admitir que, puesto que la existencia del objeto resulta ya irrelevante, el auténtico conocimiento no radica en conocer las condiciones de posibilidad de que aparezca A o B, sino que radica en el conocimiento de las condiciones que deben darse para que haya aparecer en general, INDEPENDIENTEMENTE del contenido específico de lo que está apareciendo. En estas reglas de juego, una vez conocidas, se hará patente su condición de necesarias, puesto que no cambiaran en función de circunstancia alguna, ya que son ellas mismas la condición de que se den tales o cuáles circunstancias.

El intento (conseguido o no) de demostrar que efectivamente este conocimiento de las “reglas del juego” lo hay y, más concretamente, que este conocimiento consiste en una suerte de conjunción de espacio, tiempo, y matemáticas, este intento constituye uno de los ejes vertebradores de la Crítica de la razón pura de Kant, en la que a este conocimiento auténtico se le llamará “juicios sintéticos a priori”.

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