Existencia y conocimiento (4)

Aunque en verano el ritmo decae, prosigo con mi aproximación a la estética, y a la desfasada pregunta “¿qué es el arte?”

Existencia y conocimiento (4)

La palabra que yo traduzco por la isla volante o flotante es en el idioma original Laputa

Se empieza a perfilar un esquema de aquello que se entiende por conocimiento en la modernidad: el mundo es el reino de la contingencia, nada hay necesario bajo los cielos, el establecimiento de Dios como el definitivo otro del mundo sitúa lo necesario más allá de nosotros. Nada de lo que nos rodea debe existir, cualquier cosa podría ser otra, si previo a T1 hubiésemos tenido S2 en lugar de S1 entonces T1 no habría existido nunca, y en su lugar tendríamos T2, y para esto tan sólo habría bastado con que antes de S1 hubiese habido etc. Las cosas que nos rodean carecen de entidad en sí mismas, están causadas por algo previo que a su vez está causado por algo previo que etc. Si alterásemos la cantidad o la disposición de lo previo, el resultado sería otro. Con esto se ha ganado un mundo  que puede ser traducido a un lenguaje de exquisita precisión, de total exactitud.

Pero persisten viejas sospechas, y surgen algunas nuevas:

-Respecto al mundo; no sólo podemos seguir poniendo en tela de juicio que tal o cual cosa exista (la vieja sospecha con la que empezó este periplo), sino que ahora que la necesidad ha sido ubicada en otro ámbito, el mundo en sí pude ser puesto en cuestión, el tinglado entero podría no existir.

-Respecto a Dios; definido ahora como el único ser necesario, y definido el mundo como el ámbito de lo contingente, podemos, más que nunca, poner en duda su existencia, con lo que esto implica: a saber, la ausencia de Dios es la ausencia de la condición sinne qua non del conocimiento, por lo menos tal y como se había establecido hasta ahora… a no ser claro, que nos dijésemos a nosotros mismos: “Dios ya cumplió su papel, mantuvo el concepto de necesidad (inherente al conocimiento) y para eso lo necesitábamos, pero de ahí vimos como surgía un lenguaje capaz de explicar necesidades: el lenguaje matemático en el que puede ser expresado el mundo; así pues, la matemática puede ocupar el lugar de Dios, puede dotarnos de necesidad desde el otro lado del mundo, ocupando el lugar de Dios, y sin tener que preocuparnos ya por la existencia de tal o cual ser trascendental.”

-Este ensayo de respuesta al problema de Dios encuentra también una objeción obvia: puesto que las matemáticas no pertenecen al mundo (y tiene que ser así, puesto que todo juicio verdadero en matemáticas es necesario, afirmada una verdad matemática no hay circunstancia posible que puede convertir esa verdad en falsedad), podría ser que tampoco nos hablasen sobre el mundo, podría ser que las matemáticas pareciesen hablarnos sobre el mundo sin tener nada que ver con la realidad, podría ser que las matemáticas fuesen algo así como un artificio/juego de la razón que me permitiese, sí, emitir enunciados cuya verdad no puede ser puesta en duda, pero a costa de que dichos enunciados no contuviesen ninguna información sobre las cosas, la realidad, el mundo… y la conexión entre lenguaje y mundo sería algo así como autoengaño, mecanismo psicológico.

Nuevas y viejas dudas al problema de siempre.

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