El argumento razonable

—No logro entenderlo. Hace casi veinte años que nos conocemos. Somos personas adultas, sensatas, estables.  Nos profesamos cariño mútuo, confianza y respeto, somos sin duda mucho más que amigos ¿acaso todo esto iba a empeorar por algo de sexo? ¿Tiene sentido que una aburrida tarde de domingo estemos los dos viendo películas a medias y hojeando revistas? Vayamos a mi habitación, hagamos el amor y empecemos la semana con ánimos. Estamos en el siglo XXI y el sexo es sólo eso: sexo.

 

—Se te va la olla, papá. —respondió ella.

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