Carta sobre el futurismo

Un antiguo compañero al que hace años que no veo está dedicando sus ratos libres a traducir textos de Sandro Neri, y me ha mandado por mail los fragmentos que tiene traducidos de su Carta sobre el futurismo junto con un comentario:

“Si Neri hubiese vivido nuestros tiempos, podría haber concebido el cuerpo como un periférico no sustituible de un software inconsistente.”

Estimado R., no he entendido ni jota de esta frase, pero de momento permíteme compartir el texto de Neri:

Carta sobre el futurismo

Demasiadas veces he declinado ya el requerimiento de colaborar en  revistas y proyectos cercanos a los artistas llamados futuristas, y es momento ya de que ofrezca una explicación. A Filippo Tommasso Marinetti, poeta al que conozco y admiro quisiera decirle que el futurismo es algo antiguo, pasado de moda (si se me permite la expresión).

[…]

Dicen estos nuevos artistas amar (¿admirar?) el peligro, la velocidad sin mesura, cierran los ojos al pasado, negándole el ser y se entregan al presente, un presente que en su infinita rapidez ha devenido ya futuro y se entregan a este nuevo tiempo luciendo grebas de aleaciones hasta ahora desconocidas, empuñando lanzas imposibles de sintaxis y composiciones nunca vistas. Y su obra pretende ser el eco del fragor de la batalla sin sentido del mundo (permitan que sea yo quién añada este sin sentido que luego aclararé) […]

Los futuristas desean entregarse a una noble causa, no me cabe duda, el futurismo desea habitar el reino de la acción, el futurismo desea vivir, y nada hay más noble que el deseo de vida, de la propia vida, pues la vida no puede desearse en abstracto […] Está por desvelar todavía el contorno del muro que mantiene íntimamente separados la acción y la contemplación, y aceptamos que el espectador ideal sería el inexistente, pues sólo éste permitiría ser a las cosas sin alterarlas en lo más mínimo, y en consecuencia nos entregamos al relativismo, y el futurismo es profundamente relativista. ¿Tiene algo de malo el relativismo? La respuesta es no, pero el relativismo no tiene cabida en la poesía. La poesía se sitúa más allá del relativismo, en la poesía cada instante permanece, todo es consistente pues nada depende de nada, la mirada de la poesía va más allá de los esquemas, la poesía posee la certeza que otorga afirmar sin haber cuestionado antes.

La poesía es la forma más auténtica de conocimiento.

La poesía rastrea el conocimiento más puro e íntimo: el conocimiento de la propia muerte. La contemplación del propio no ser es la puerta del mundo.

[…]

El cuerpo es una máquina de triturar tiempo, nada hay más veloz que el cuerpo, todo lo alcanza. Mirarse detenidamente al espejo, atender durante horas a las señales del músculo y las articulaciones, elaborar un minucioso inventario de la decadencia física: eso es comprender la velocidad de la muerte. La velocidad del cuerpo es la velocidad de la muerte.

[…]

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