La tortuga y la manzana (antifábula)

Todos tenían hambre y la manzana presentaba un aspecto exquisito.

La liebre, impulsiva, trepó al árbol con tan mala fortuna que resbaló, se partió la crisma y quedó un poco tetrapléjica de por vida. Demandó al dueño del terreno y obtuvo una indemnización millonaria.

El zorro, astuto, convenció a un especulador inmobiliario para derribar el manzano con un bulldozer, pero en el último momento ambos fueron denunciados por alguna asociación de hippies abraza-árboles. Los media se hicieron eco de la noticia, y ambos se vieron implicados en un proceso cuyos daños colaterales fueron dos concejales, un promotor y el dueño del bar Manoli.

La tortuga tuvo paciencia. Esperó y esperó. Cuando el sabroso fruto cayo con newtoniana elegancia, la tortuga le hincó un primer mordisco primoroso a la par que voluptuoso. Y murió víctima de una reacción alérgica.

 

Moraleja:De noche, todos los gatos…

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