El monstruo en el armario


—No abras el armario —dijo ella—, hay un monstruo enorme.

—¿Otra vez? Pues en calzoncillos yo no puedo ir a trabajar.

—Ponte la misma ropa de ayer, aprovecharé que tengo el día libre para llamar luego al técnico.

―Podrías haberme avisado ayer ¿no?

Damián se quejaba y olía al mismo tiempo la zona axilar de su camisa

―No, no puedo ir al trabajo con esto, y menos hoy

Desapareció hacia la cocina para reaparecer con una fregona

―¿Qué vas a hacer? ―preguntó Diana levantándose

―¿A ti qué te parece? Necesito una camisa limpia, cuando diga tres abres la puerta.

―No es buena idea, Dami…

―Uno

―Dami, de verdad que el bicho es enorme, vamos a

―Dos

― mirar si la lavadora que tendimos ayer está ya seca

―¡TRES!

Por muchos siglos de civilización que carguemos a nuestras espaldas, todo hombre con sus partes apenas cubiertas siente una euforia atávica al blandir cualquier cosa semejante a un palo. Damián cargó hacia las camisas con un alarido digno de un neandertal, por desgracia el monstruo hizo patente su manifiesta superioridad física con un finta digna de Mohammed Alí (atrás derecha cruce izquierda) y un solo mordisco bastó para arrancarle el brazo y partir en dos la fregona.

―¡JODER! ―gritó Damián.

—Si ya te lo dije yo… pero no, tú tenías que hacerte el machito.

—No me atosigues mujer y ayúdame a hacerme un torniquete… pásame, pásame el móvil antes, ¿quieres? ¡Ay! No aprietes tanto mujer

—¿Te hago o no te hago el torniquete?

—¿Diego? Soy Damián, oye mira, que no sé si podré venir hoy no si ya… ya sé que tenemos hoy la reunión pero. No. Por la mañana no podré venir, eso seguro

De fondo, en voz baja, Diana masculla sin cesar “no, si claro: hazme un torniquete, pásame el móvil, de enfermera y criada sí que sirvo sí”

—por la tarde no sé pero. Déjame explicarme, hombre: que un monstruo se me ha comido el brazo… sí, es un putada claro, toda la mañana perdida seguro en el médico, tengo el

“y encima la fregona rota que a ver cómo limpio yo todo esto pues vaya mierda de día libre”

―Power Point para la presentación en una carpeta del escritorio, pone “reunión RET marzo” nah… el bicho está tranquilo en un rincón royéndome el brazo ahora

―Cuelga ya, que hemos de meter al monstruo en el armario otra vez, te dejo en el médico y llamo al técnico.

―Vale amor. Oye, Diego, te debo una, tío. Te llamo por la noche y me cuentas como ha ido todo. Sí sí, tranquilo, si no será nada, un abrazo.

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