La cocina (II)

Creo que cambiaré la cama por una puerta. El efecto será el mismo en aquellos que contemplen la puerta reflejada en las pupilas del protagonista. Pero debe ser una puerta y no una cama, estoy cada vez más convencido.

 

La cosa se torció con la llegada del hombre más poderoso del pueblo, se trataba de un suicida sin coraje, que debía su status social y económico al hecho nada desdeñable de haber seducido a la más ricas y bien situada mujer del lugar. Peregrinó. Atisbó en la mirada del muchacho. Contempló esa triste puerta. Y no ocurrió nada. Despechado y con renovada salud logró que el chico y su puerta fuesen expulsados del lugar.

 

Cuatro jóvenes se unieron a él. Tres mujeres y un hombre que lo ayudaron a empujar su puerta por los caminos y jamás le miraban a los ojos. Arribaron a otro pueblo, mayor y más feo que el anterior. Con mantas sobre los hombros levantaron un campamento en las afueras, y aguardaron. Es justo decir que los acompañantes esperaban sacar beneficio de la situación. El muchacho dormitaba a todas horas, y buscaba bajo las sábanas algo de intimidad para lavarse los dientes y masturbarse (aunque no al mismo tiempo) los peregrinos optaban ahora por tocar las bisagras de la puerta (quién puede saber porqué) a cambio de un donativo. Resultó tratarse de un fármaco eficaz contra la mediocridad: los que cumplían el rito olvidaban en seguida sus sueños y adoptaban una existencia de conformidad. Hizo furor. Mucho dinero cambió de manos. Acudieron en tropel jóvenes estudiantes sobrepasados por la presión, y llegó de nuevo la huída al ser perseguido por una turba de padres furiosos que vieron frustrarse los anhelos y metas que habían depositado en sus hijos.

 

Tenía más o menos claro lo que debía pasar a continuación, el protagonista debía acabar solo y abandonar finalmente la puerta en algún lugar y algo brotaría de ella (tal vez un destartalado edificio en un descampado, tal vez un árbol en un bosque, tal vez una civilización abandonada)

La primera idea fue la del bosque, e incluso escribí algo para orientarme:

 

Llegaban lentos e inadvertidos, extraños peregrinos huyendo de sus mezquinos rincones de monotonía y vacío. Buscaban sosiego. Buscaban paz. Buscaban el árbol. Buscaban familiares perdidos en el bosque.  Los lindes del bosque se habían convertido en un circo deforme y civilizado

 

Y entonces, quise que el cuento terminara bien.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: