Deshonesta voluntad de vivir (5ª parte)

Es cansino. Triturar la comida antes, claro, es impensable hacerla masticar. A veces vomita.

 

—Tendría que hacerlo, es lo que quieres, ¿no?

El cuchillo es ligero y tiembla bajo su barbilla. La sangre resbala escribiendo los nombres secretos de la misericordia y los espasmos de su pierna no te impresionan. Sólo cuando ves la grasienta rata lamer el charco de sangre comprendes que hay algo metálico clavado en tu cuerpo. Sin fuerzas emites un quejido al que responde infecta y sigue bebiendo.

Tarde o temprano habrá que despertar.

Día 12. Bajo al pueblo paseando, traigo agua y algo de medicación. Leo. Juego solo a juegos de mesa. He visto a alguien, creo. Se escabulló tras de mí. Debo ser cauteloso y no enloquecer. Anoche tuve otra vez ese sueño. Fue ten hermoso ver de nuevo a mi hermana y mis sobrinos. Casi me preocupa no tener pesadillas.

Día 13. Dormí quince horas del tirón, no sé porqué, no estaba tan cansado. No me sentó bien tanto sueño, he despertado como sin fuerzas y no me levanto de la cama ni para comer.

 

—Vas a vivir. Voy a obligarte día a día. Puede que te hayas rendido pero yo no. Estás a mi cargo y yo mando aquí. Es nuestro mundo, ¿entiendes? Nuestro mundo. Y tienes una responsabilidad no, no te preocupes. No voy a pedirte nada por encima de tus posibilidades, sólo sigue respirando. Sólo eso. Del resto me encargo yo. He estado pensando y creo que las cosas no han cambiado tanto… quiero decir que siempre me sentí estafado, en general, estafado por el mundo, la gente, yo mismo. Supongo que en cierto modo esto es la consumación de la estafa. No soy idiota y sé que tarde o temprano enloqueceré, así que quiero disfrutar del tiempo de cordura que me queda, luego no sé. Pero bueno, esto tampoco es nuevo, en definitiva. Voy a lavar los platos, vuelvo en seguida.

Día 14. No queda whisky y su habitación apesta. Lleva dos días seguidos atada y no he cambiado las sábanas. Es una pocilga. Lo haré mañana.

Día 15. Esto no puede volver a pasar. Me levanté temprano, desayuné con apetito y dediqué el día entero a la actividad. La lavo, visto y mimo. Vuelta a quitarle el suero, vuelta a darle de comer con parsimonia. Ni siquiera debería estar aquí sentado ahora mismo, no es bueno. Hay que mantener el cuerpo ocupado. Es un ser humano.

 

—Pilas, jabón, chocolate, ¿por qué no? Joder, voy a todas partes hablando solo bueno, no creo que a nadie le moleste.

Regresas con las provisiones y admiras el pulcro orden que reina en la casa. Descansas. Comes. Estás en paz y te asalta una duda: ¿la has matado ya?

continuará…

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