Deshonesta voluntad de vivir (3ª parte)

Sin saber muy bien qué hacer ni saber por qué vuelves a entrar en casa pensando estúpidamente que deberías limpiar el vómito que dejaste en la escalera. Te asomas a la ventana para sol y aire.

Corriste por la ciudad. Horas y horas hasta que cayó la noche. Ahorcados colgando del hueco de las escaleras. Recorriste las calles. Carótidas seccionadas con la elegancia del cristal. Recorriste las tiendas. Mangueras de goma que conectan tubos de escape con ventanillas casi cerradas. Y recorriste los bares. Plácido sueño de somníferos. Y las casas. Cuerpos sin cabeza junto a las vías. Y los hospitales. Amasijos de cartílago y silencio estrellados contra el asfalto imperturbable. Y las iglesias. Las venas del antebrazo abiertas con maestría: desde el hueco del codo hasta la muñeca.  Los aparcamientos de pulcras líneas y coches en formación cerrada. Hinchados blancuzcos flotando en el río. Y las comisarías de policía. Los bebés boca abajo, el aire negado por la mullida almohada. Y las bibliotecas y los parques y sabes que has enloquecido. Estás loco por completo, corriendo y llorando deliras y pronto te encerrarán y sedarán y lentamente recobrarás la conciencia. Y estarás aterrado encerrado rodeado de locos dementes que babean y gritan pero al menos el mundo entero no se habrá quitado la vida. La televisión permanece muda. Tus padres. Reventaste a patadas la puerta del vecino, usaste su teléfono para nada. Tus hermanas. Los diarios online estaban fechados ayer. Tus amigos. Dejas el vaso de whisky en la mesita de noche y te sientas junto a la suicida desnuda. Duerme sin nombre ni futuro y apesta a orina. La desatas, pones yodo en las rozaduras de sus muñecas y la inmovilizas con la sábana. No ha comido nada en todo el día pero resistirá, hidratas sus labios con un trapo húmedo, te emborrachas y te duermes junto a ella.

Despiertas con resaca y un reto en la cabeza, como en una mala película de zombis, pero no volverán. Nadie camina por las calles. Deberías visitar a tu hermana, la única pariente que vive en la ciudad, pero no cruzas el umbral. Llamas a su puerta, insistes, atiendes al silencio al otro lado y con un pesado extintor la hundes, no es muy resistente para tratarse de una puerta. No cruzas el umbral.

El ruido del coche espanta a las ratas, dueñas de las calles, los bancos, las cunas, las mesas y los cuerpos. Se han adueñado del horizonte y del mañana. En el hospital en el que trabajas todo es extraño. Trabajabas. En el hospital en el que trabajabas todo es extraño, resulta fascinante la cantidad de posibilidades que puede brindar a un puñado de suicidas un lugar plagado de agujas, correas y escalpelos.

continuará…

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6 Responses to Deshonesta voluntad de vivir (3ª parte)

  1. GredoIV says:

    Ououou
    Blake, muy buena historia!! Haver como la acavas!!

  2. juanoide says:

    ¡¡¡¡GAYYYYYY!!!!!!

  3. Rox says:

    =O, muy bueno como siempre

  4. blaitheone says:

    Se agradecen las muestras de apoyo desde las Crónicas PSN, pero… ¿dónde están las chavalas?

    • Veinteañera Lujuriosa says:

      Aqui Blake!
      Mi nombre es Minerva y estaría encantad@ de conocerte y ofrecerte mi cuerpo

      PD: Este comentario no tiene relación alguna con la tira publicada el martes en las cronicas PSN.

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