Deshonesta voluntad de vivir (1)

Como sigo sin tiempo para nada, ahí vamos con un relato por entregas, relato para el que mi amigo Oriol dibujó una fantástica ilustración.

Deshonesta voluntad de vivir (1)

Despiertas con resaca y un reto en la cabeza, paseas por el piso sin saber qué hacer. Te lavas los dientes y la cara, preparas café, intentas no ser silencioso. Quieres que ella se despierte y se vaya. Te medio vistes con tus ropas rescatadas del sofá y te sientas hojeando un libro. Abres la ventana y el cálido día de primavera inunda la sala de estar. Poner música sería pasarse de borde, así que te tumbas y esperas que los ruidos de la calle hagan el trabajo por ti. Estás mareado, mucho alcohol todavía en la sangre, despertaste demasiado temprano. Mierda de domingo. Es imposible no despertar demasiado temprano después de una buena juerga te gusta la frase y la anotas en tu bloc. Dormitas un día tranquilo y no hay ruidos. Abres los ojos en el reloj las se ha levantado, crees. Cierra la puerta del lavabo. ¿Cómo se llamaba? Empezaba por A o La no te sientes despejado todavía en tu cabeza sigue siendo de noche. Ahora sí, pones algo de música y caminas pasillo abajo hacia la habitación, tienes frío en los pies y quieres tus zapatillas ¡Joder! ¿Qué es ese ruido?

—Ey, ¿estás bien? —, golpeas con los nudillos la puerta del lavabo. El ruido era fuerte, como si se hubiese caído.

—Oye, en serio ¿pasa algo? —, se ha caído, seguro, igual ha resbalado o algo, intentas abrir pero ha cerrado por dentro, claro. Ha resbalado, estaba mareada resbaló y se ha golpeado la cabeza, seguro, eso o es sorda como una tapia.

—Vale, escucha, si me oyes voy a entrar, no te asustes.

El asustado eres tú. La puerta ha cedido fácil a tus ochenta y dos kilos no puede ser. No puede ser. Nopuedeser.

Está en el suelo, encorvada como un feto, desnuda y una bolsa en la cabeza. Una bolsa en la cabeza. La ha anudado con fuerza alrededor de su cuello. Debió de sentarse en el retrete y cayó al perder el conocimiento. La bolsa es del súper dónde sueles comprar. Tú dormías en el sofá ella fue a la cocina y cogió la bolsa y se encerró y entonces la oíste. Una bolsa de plástico en la cabeza. Pegada a la cara como cera derretida la boca forma un grotesco cráter blanco. Gritas pero no te das cuenta, desgarras la bolsa con los dedos y de rodillas le haces el boca a boca como te enseñaron. Tapas su nariz e inclinas su cabeza y sientes ganas de llorar.

Está viva y tose y tienes miedo. Ahora sí lloras como un crío. Tus manos, trémulas como tu determinación, desanudas la bolsa y la retiras de su cuello. Quieres que tus gestos sean suaves y delicados pero no puedes, eres torpe e impreciso, intentas acariciar su cabello y le das un golpe en la oreja, entreabre los ojos y parece quejarse. Ojalá supieses qué decir. Ojalá tuvieses voz. Intentas levantarla, llevarla hasta la cama, pero a pesar de que eres fuerte no puedes, estás exhausto y sin energías, te fallan las piernas y has de dejarla en el suelo de tu cuarto de baño. Sigue medio inconsciente y buscas una manta con que taparla. ¿Por qué te ha hecho esto? Te mueves por tu piso aturdido sin saber muy bien qué hacer, confuso como si estuvieses en casa ajena. Encuentras el móvil en tu chaqueta y marcas el 112. Mierda, hay algún problema con la cobertura. Miras con odio el teléfono de tu habitación, imbécil y mudo trozo de plástico. Justo anteayer lograste darte de baja de la compañía de teléfonos, y pensar que eso te hizo sentir fantástico. Te pusieron mil trabas pero lograste al final darte de baja y estabas ya por contratar otra compañía más barata. Total, unos días sin internet no son para morirse. Para morirse, suena a mal chiste.

Ella parece irse recuperando lentamente, pero no hace el más mínimo esfuerzo por ayudarte cuando intentas levantarla, y sigues sin poder cargar con ella tú solo. La arrastras hasta tu cama, parece que está mejor pero sigue sin hablar. Intentas llamar un par de veces más y nada, ¿qué pasa con la cobertura? A probar desde el suyo. Encuentras su móvil, sin batería. Vaya día. Puto domingo.

—Voy a salir un momento, pero tú tranquila, ¿vale? Estaré aquí delante… voy, voy a casa del vecino, a llamar —si recordases su nombre todo sería más fácil—, ¿estás bien? ¿Mejor?

Te mira y el pánico te abraza con fuerza. No hay nada en su mirada, sus ojos están desprovistos como un espejo borroso. Si la dejas, aunque sea un segundo, cometerá una barbaridad. Te sientas junto a ella y no comprendes nada. La noche y el alcohol se han ido de tu cráneo, barridos de un plumazo. Os conocisteis, ella reía, bromeaba y tonteaba. No parecía… no parecía la clase de mujer que se suicida en el lavabo después de una noche de sexo y risas, no es un mal chiste y ojalá estuvieses de humor para apreciarlo. Ojalá ella estuviese de humor.

—Ya te vale… —musitas.

Continuará…

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2 Responses to Deshonesta voluntad de vivir (1)

  1. La gorda canosa says:

    este me ha gustado…le faltan zombis y un par de explosiones pero MUY BUENO!!!!

  2. blaitheone says:

    Gracias Fredo, pero el relato no ha terminado todavía… garantizo fiambres y tías en pelotas en las próximas entregas…

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