Relato (misterioso) de verano 2

En el capítulo anterior la aparición de un cadáver en plena orgía sembraba el desasosiego entre los participantes…

La fiesta

II

 

—¿Por qué no compruebas si está muerto de verdad?

El que había hablado era el señor Breve y se dirigía a su esposa, que era cirujana.

Esta es la forma que tuvieron Breve y Cirujana de conocerse y casarse: Breve aseguraba y aseguró siempre que su mujer (o ex-mujer) le había puesto una droga en la bebida, aunque cualquiera que los conociese a ambos tuviera motivos para dudar, exactamente tres motivos para dudar: la débil voluntad del señor Breve, la capacidad de seducción de su mujer (o ex-mujer) y la universal resistencia de los hombres a las tentaciones de la carne. Lo cierto es que una reunión hostil para tratar de porcentajes, pensiones, coches y fines de semana con/sin niños acabó convirtiéndose en una felación hostil en el coche de Breve. Breve nunca ha dado una explicación convincente: el coche se deslizó pendiente abajo dos escasos metros hasta chocar con el morro de un monovolumen, Breve fue encontrado en el interior de su vehículo chillando como un cerdo, completamente desnudo, en posición fetal, sentado sobre el freno de mano, hasta el fondo. Por lo visto su mujer (o ex-mujer) se las había ingeniado, en plena faena, para encajarlo ahí y luego, de algún modo quitar el freno de mano y bajar del coche para desaparecer de inmediato. Policías primero, luego bomberos y médicos, decidieron entre todos (con el asesoramiento de algún vecino) que lo mejor y más seguro para desclavarlo (al escuchar esa palabra convirtió Breve sus sollozos de humillado en berridos de nena) sería llevar el coche con Breve incorporado hasta el hospital y allí buscar una solución. Y así partieron la ambulancia, las dos motos de policía, la grúa con el coche y Breve hacia el hospital, hacia la solución. La solución consistió en mandar a la ambulancia y la grúa con el coche encima y Breve incorporado a un taller mecánico, donde cortaron por la base el freno de mano y reenviaron a Breve sin coche pero con palanca de freno todavía incorporada al hospital. Casi con total seguridad lo habría superado de no ser por las noticias en la tele. Y por lo del programa de humor dedicado a él. Y por lo de la página web. Y por lo del eslogan de la marcha gay: Ya ves: no nos frenes que es peor. Y así fue puesto en manos de Cirujana, cirujana, soltera, feminista radical, católica practicante y bisexual ocasional, quien para sobreponerse a la humillación que supuso para ella tener que reconstruir el recto de un macho salido y confuso se casó con él, dispuesta a someterlo a todo tipo de vejaciones y sanar así su ego malherido. No fue exactamente lo que se entiende por amor a primera vista.

—¿Por qué no compruebas si está muerto de verdad?

—Está muerto idiota —respondió Cirujana—, ¿o es que no lo ves? ¿Tendré que arreglarte también los ojos de la cara?

Breve enrojeció

—¿Nadie lo conoce? ¿Alguien tiene idea de quién era?

—¿Un inspector de orgías?

Apuntó Ama, la dueña de la finca.

—¡Dios mío! —exclamó Capitán— ¿eso existe? Tenemos un problema, mierda. Si es un inspector de orgías entonces. Joder si trabaja para el gobierno estamos listos. Yo particularmente no tenía ni idea. ¿eso existe? Estamos listos pero tú ¿cómo sabes que es un inspector de orgías? Podría ser cualquier otra cosa no sé un inspector de fiestas o de yo qué sé hasta podría ser no sé. Estamos listos.

Mientras Capitán se cagaba metafóricamente en las bragas que había recogido del suelo para tapar sus partes Cirujana dejaba volar la imaginación: era la subinspectora de orgías Cirujana y estaba a las órdenes de una jovencísima inspectora, tan estricta como atractiva. Viajaban en coche oficial embutidas en sus uniformes de látex oficiales, viajaban siempre de noche, de orgía en orgía verificando longitudes, perímetros, homologando posiciones y sancionando la fealdad y la monotonía. A veces Cirujana redactaba un informe incompleto, o inexacto, y su jefa, la inspectora, procedía a castigarla. Abría entonces el baúl del maletero y seleccionaba el instrumento adecuado a la gravedad del error. Luego tendría que incluir en el nuevo informe una descripción exhaustiva de las vejaciones a que había sido sometida por parte de su superiora y aquello volvía a excitarla. Sin poder evitarlo, con la mente saturada de imágenes, Cirujana fue directa hacia Ama y entre caricias y besos se alejaron del círculo de curiosos en busca de algún rincón. Sagaz las interrumpió al cabo de dos o veinte minutos:

—Vosotras dos venga, dejad eso para luego. Hay que tomar decisiones importantes. ¡Eh! Vamos tú, quita esa mano de ahí. El tío tiene marcas diversas: arañazos, mordiscos, carmín… eso y su, su, la cosa esa que tiene ahí en guardia parecen indicar que llevaba un buen rato pasándolo bien antes de morir.

—O después, ¿alguien se lo ha montado con alguien que estuviese muy quietecito?

—Venga, venga —prosiguió Sagaz—, no es para tomárselo a broma. Lo que quería decir es que lo mejor sería no llamar a la policía. No es que crea que nadie tenga nadie que ocultar pero creo que un intento de aclarar las cosas no fructificaría dadas las circunstancias.

—A lo mejor eres tú el que tiene algo que ocultar —interrumpió Ama—, y si es así te sugiero que lo digas claramente porque el resto tenemos la conciencia muy tranquila. Yo por lo menos la tengo.

—Vale, muy bien. Llama a la policía. Anda, llámalos.

(continuará…)

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One Response to Relato (misterioso) de verano 2

  1. narcisperich says:

    Molt bo! seguirem atents!!!

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