Sandro Neri

 

Me acordé de Sandro Neri cuando alguien me habló el otro día de la curiosa relación que existe entre el carácter enfermizo y la creación poética. A la persona con quién hablaba no dejaba de resultarle curioso que la historia de la literatura esté poblada de una caterva de depravados, depresivos monomaníacos, alcohólicos y tarados varios. Me vino a la mente la figura de Sandro Neri, pero no lo mencioné… aunque el tema me fascina y la conversación era interesante hay cuestiones que no se dejan tratar con niveles altos de gente y luz y el depósito vacío de alcohol y noche. Pero Sandro Neri sigue rondando.

Sandro Neri rinde tributo a un axioma: escribir es mirar, permitir que la cosa surja desnuda, adánica,  existente hasta límites insoportables. La meta del arte sería así el silencio absoluto, la atención más concentrada, y la tragedia del arte sería estar abocado a la narración, la anáfora, la suplantación y el secuestro. Y en consecuencia el artista debe vivir para la nada, la pulsión del artista es la negación, borrarse, callar, quitarse de en medio, ser pura mirada, limen absoluto. Y su único camino es la fractura del silencio, el habla, la manifestación.

En El superviviente, Sandro Neri asume como obvia esta naturaleza escindida enfermiza del artista. El artista, dirá Neri, es una tara en el tronco de la especie, incapaz de reconciliarse consigo mismo sólo puede guarecerse en el vacío, el artista debería ser compadecido y tratado como un enfermo, los artistas deberían ser hacinados en campos de trabajo, sometidos a prueba constante entre alambres de espino, el trabajo interminable y las ejecuciones arbitrarias, así los supervivientes emergerían hombres, amantes de la luz, la respiración y la fortaleza.

En diciembre de 1942 Neri hizo pública su condición homosexual y su amor incondicional al Duce, un amor ideal y a la vez carnal y desesperado. Pidió ser enviado a un campo de trabajo en el que se le sanara de su doble condición de artista y homosexual, pues el fascismo no había logrado extirpar su nihilismo, y culpaba de ello a su propia debilidad de carácter.

No es extraño que esta proclama sorteara la censura italiana, pues apareció en mitad de un extenso artículo suyo sobre Leopardi publicado en una revista especializada que nadie leía. Dos días después, los camisas negras irrumpieron en su casa y le propinaron una paliza salvaje, luego arrastraron su cuerpo hasta la plaza del pueblo y allí lo dejaron, sin que nadie osara acercarse siquiera. Tardó nueve horas en morir.

Anuncios

2 Responses to Sandro Neri

  1. Alfredo says:

    Enorme la sencillez con la que se expone algo tan complejo…para nuestra desgracia nunca nos veremos entre alambres como antaño, el nuevo orden impone nuevas formas de horror, y éste, aniquila hasta el mas duro de los instintos intelectuales.La moral venció al arte y con esto al hombre.

  2. Pingback: Carta sobre el futurismo « Con pretensiones

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: