El cruzado
23 abril, 2012 Deja un comentario
La carcajada estremece a los caballos de los cruzados de retorno exhausto. Con fe y con sudor aplacaron la voraz sed del desierto. Con sangre ungieron el acero bienamado ¡Benditos sean los piojos que engordan en sus cráneos, pues suya es la savia de estos santos hombres! Tercos abrazan la existencia con oxidadas armaduras, destella el terror tras sus viseras y alzan el escudo malherido, veloz vira su mano a la espada cruciforme.
La carcajada estremece a los caballos de los cruzados de retorno exhausto. Sólo los caballos la escuchan. Sólo los caballos dejaron algo tras de sí, allá en el desierto.
