Inmortal
14 noviembre, 2011 2 comentarios
H era insignificante. Siempre lo había sido. Una persona en la que nadie nunca había reparado, ni siquiera la muerte advirtió su presencia. Si H tuvo sueños, a nadie le importaron nunca. Había visto pasar tres, tal vez cuatro cambios de siglo. No había sufrido enfermedades terribles. No había muerto. No había padecido hambre o miseria. Y no había muerto. No había vivido tampoco en el exceso o la depravación. Y no había muerto. Persistió en su existencia camuflada. H no importaba a nadie. Ni siquiera a la muerte.

Te lo robo para mi FB, Blai, por que a mi, aquí dónde me ves, me dicen H.
Me he sentido identificado
Gracias!
Encantado de que lo robes para tu cara-libro… aunque espero que la identificación sea sólo por lo de la H…