Vergonzosa confesión
8 enero, 2011 3 comentarios
Ayer volví al trabajo después de un montón de días. Y me sentó genial. Ya está, ya lo he dicho. Qué puta verguenza.
Primero fue el virus rabioso y tenaz como el interés de un crédito bancario, y luego las vacaciones de navidad o Navidad. La cosa es que el tedio me pilló con la guardia baja y me atontó (más) hasta ayer, tuve que disfrazarme de persona, salir a la calle con las neuronas activas (lo justo) y las máscaras prestas en los bolsillos interiores de la chaqueta de siempre y hoy el buen humor no me lo quita ni la tercera sinfonía de Górecki y hago inventario de nubes en el horizonte porque me dan igual y (casi) ni siquiera me asusta haber agotado las existencias disponibles en internet de pelis de zombis y escribo a los Reyes Magos, un poco tarde, lo sé, pero a ellos les da igual, como no existen pues van a la suya, igual que el dinero, Dios y todas las cosas importantes que pienso pedirles.
Y todo esto por haber empezado a trabajar…

la semana empezará con Blake de prota en las Crónicas PSN, y que sepas que voy a robar ideas de Con Pretensiones…
Sólo puedo decir una cosa: lo entiendo…
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